Encuentro con khempo Samdrup: «El objetivo de la enseñanza es que las personas puedan transformar su mente»

30 Ene 2026

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El estudio de los textos fundamentales de la filosofía budista constituye un eje central de la vida en Dhagpo Kagyu Ling. Desde hace una decena de años, cada mes de enero se organiza un retiro intensivo de estudio de un mes de duración, con el fin de permitir a los residentes y a los practicantes de los alrededores concentrarse en el estudio de un texto específico.

Gracias a lama Jigme Rimpoché, estos textos son enseñados por khempos y acharyas procedentes de shedras de la India. En enero de 2026, khempo Samdrup, del shedra de Dzongsar, ha continuado por segundo año consecutivo el estudio del Gyu Lama, Tratado de la continuidad suprema del Gran Vehículo, compuesto por Maitreya y Asanga.

Nos hemos reunido con él para conversar sobre su trayectoria y su visión de la enseñanza del Dharma, tanto en Asia como en Occidente.

Vino a Dhagpo Kagyu Ling por primera vez en 2019 y desde hace dos años, enseña el Gyu Lama durante tres semanas en el marco del retiro de estudio de invierno.
Viene del shedra de Dzongsar Khyentse Chokyi Lodro, en Chauntra, cerca de Dharamsala, en la India, dentro de la tradición
rimé.
¿Cuál es su vínculo con Dhagpo y cómo conoció a Jigme Rimpoché?

Conocí a Jigme Rimpoché por primera vez aquí, en Dhagpo Kagyu Ling. Pero el vínculo se remonta a hace mucho más tiempo.

En efecto, el XVI Karmapa y la anterior encarnación de Shabdrung Rimpoché pertenecían a la misma familia, la familia Athub; es un lazo profundo.
El monasterio del que provengo en el Tíbet recibió mucha ayuda por parte de Karmapa y de Kunzig Shamar Rimpoché. Procedo de la misma región del Tíbet que la actual encarnación de Shabdrung Rimpoché, Dongsung Shabdrung Rimpoché, cuyo monasterio se encuentra cerca de Yushu, en la región de Nangchen.

Fue él quien me propuso venir aquí; fui invitado y fue en esa ocasión cuando conocí a Jigme Rimpoché. Desde entonces, el vínculo no ha dejado de profundizarse. He venido a enseñar en varias ocasiones para estancias más cortas y, posteriormente, Jigme Rimpoché me dijo que sería necesario enseñar el Gyu Lama.

¿En qué momento estudió el Gyu Lama y cómo lo ha abordado aquí en Dhagpo Kagyu Ling?

El Gyu Lama se estudia en el décimo año del shedra y lo he enseñado en dos ocasiones. Para preparar esta enseñanza, hablé con Jigme Rimpoché sobre el enfoque a seguir. Mi idea inicial era abordarlo explicando el sentido general y de manera bastante concisa, ya que es habitual que los maestros presenten las enseñanzas de este modo al público occidental.

Sin embargo, Jigme Rimpoché consideró que, por el contrario, era importante entrar en el detalle, palabra por palabra, y tomarse el tiempo necesario. Dijo que era fundamental explicar con precisión lo que contiene el texto, para comprenderlo en profundidad y para que el Gyu Lama pueda transmitirse más adelante.

Para ello, era necesario que la traductora comprendiera plenamente el contenido, así que preparé un material de apoyo que también puede resultar útil para otras personas que hablan y leen tibetano. Se trata, por tanto, de un soporte de estudio que aplica las instrucciones de Rimpoché.

Dado que el objetivo es que el Dharma se implante y permanezca durante mucho tiempo en Occidente, la elaboración de este material es un trabajo muy pequeño, una gota de agua, pero espero que pueda ser de ayuda.

¿Existe alguna diferencia entre su manera de enseñar en el shedra y aquí, en Dhagpo, o en otros lugares de Europa?

Es un poco diferente; sin embargo, teniendo en cuenta las indicaciones dadas por Jigme Rimpoché, resulta bastante similar.

La diferencia se encuentra sobre todo en la manera de enseñar a los estudiantes más jóvenes en el shedra, donde trabajamos el texto palabra por palabra. En los cursos superiores, en cambio, estos textos se estudian de una forma más global: se analizan las frases en su conjunto, el sentido que es necesario comprender, las dudas que clarifican, así como las comparaciones entre los textos. Los estudiantes ya conocen estos textos, ya que los han estudiado cuando eran más jóvenes.

En realidad, no creo que haya grandes diferencias entre la manera de enseñar a los occidentales y a los asiáticos, porque el objetivo de la enseñanza es que las personas puedan transformar su mente y avanzar en el camino. Desde el momento en que se emprenden estudios, se ve claramente que ese es el propósito, y que simplemente se ofrecen los elementos necesarios para ello.

Se hizo monje a los once años. ¿Qué cambió eso para usted?

Provengo de una familia de practicantes. En general, en el Tíbet existe un gran respeto y devoción hacia el compromiso monástico. No me hice monje a partir de dificultades vividas en la infancia, ni por una renuncia motivada por haber visto los defectos del samsara. Más bien fue porque lo deseaba: algunos compañeros habían hecho lo mismo y eso también inspiraba a mi familia. Además, desde muy joven nunca aspiré realmente a una vida laica. Deseaba una vida monástica y a ella he dedicado mi vida.

Cuando estaba en Tíbet, se hablaba mucho de las condiciones de estudio en la India, del hecho de que allí podías dedicarte plenamente a los estudios porque no tenías que preocuparte del alojamiento ni de las comidas. En el Tíbet, en cambio, hacían falta dos o tres días a caballo para llegar al monasterio de Dzongsar. Era necesario transportar la propia comida, cocinarla, saber conservarla, etc., lo que hacía más complejo el estudio en esas condiciones.

No obstante, antes de ir a la India estudié gramática y cultura tibetana. Antes de poder estudiar directamente los textos budistas, es imprescindible conocer bien los tratados de gramática, así como la poesía.

Esta progresión tradicional permite posteriormente el acceso a los textos del Dharma. De hecho, a partir del año 2000 comencé enseñando gramática tibetana en el shedra de Dzongsar, en la India.

Ha dirigido el shedra de Dzongsar. ¿Cuáles han sido sus prioridades y, ha evolucionado la formación de los estudiantes que aspiran a convertirse en khenpos, teniendo en cuenta que algunos de ellos serán llamados a enseñar en el extranjero?

Hay muchas responsabilidades, pero ante todo debemos ocuparnos de la formación de los monjes de la mejor manera posible. Comienzan sus estudios alrededor de los quince años. No ponemos el acento en el hecho de que algunos puedan ser llamados a enseñar en el extranjero. Tampoco damos directrices específicas sobre la enseñanza a occidentales; más bien recibimos orientaciones, por ejemplo, de Dzongsar Khyentse Rimpoché.

Por supuesto, algunos van a Taiwán y otros aquí, a Europa, pero esto no se destaca dentro de nuestros programas. El shedra no envía a los monjes al extranjero; se trata más bien de contactos o de la propia red de los monjes, en función de sus predisposiciones personales.

¿Alterna períodos de estudio y de retiro?

Mis responsabilidades como director del shedra no me dejaban mucho tiempo. Ahora dispongo de más tiempo y tengo el deseo de dedicar más tiempo a realizar retiros. De hecho, hablando del tiempo que se libera, creo que en realidad la cuestión de tener tiempo o no depende totalmente de nosotros.

Al final, siempre somos nosotros mismos quienes decidimos qué hacemos con nuestro tiempo.

¿Constata una evolución en la vocación de convertirse en khenpo?

Hay un poco menos de personas interesadas en este ámbito o que llegan hasta el final de los estudios; no obstante, este invierno, durante los Dzongsar Monlams en Bodhgaya, dieciocho monjes han recibido el diploma de khempo.

Existe una preparación previa antes de entrar en el shedra, seguida de once años de estudios, al término de los cuales se recibe el título de tcheupeun. Tras varios años de enseñanza, se puede obtener el diploma de khempo.

También puede ocurrir que, después de diez años de estudios, un estudiante sea llamado de regreso a su monasterio de origen para enseñar allí, y que posteriormente pueda igualmente llegar a convertirse en khempo.

¿Qué ocurre en el caso de las monjas?

En Dzongsar no tenemos muchas anilas que se hayan convertido en khenmo[1] —hay que tener en cuenta que es preferible que monjes y monjas no estén en el mismo lugar—, pero sí hay muchas en la sociedad tibetana.

Existen lugares específicos para las monjas que aspiran a convertirse en khenmo, como el shedra de Dheradun, a unas horas de Dzongsar, y otro shedra nyingma, Namdroling, en el sur de la India. Entre los gelugpa también se encuentran muchas geshema[2].

Jigme Rimpoché anima a los estudiantes del Instituto a transmitirse entre ellos los textos recibidos, algunos de los cuales sirven de base para las enseñanzas públicas. ¿De qué manera el hecho de enseñar enriquece su propia práctica?

Veo un beneficio inmenso, tanto desde el punto de vista de mi práctica como de mis estudios. Cuando escucho el Dharma, lo comprendo cada vez mejor.

Además, dado que debo enseñarlo a los estudiantes, eso me impulsa a profundizar aún más en mi comprensión personal.

¿Tiene algún consejo sobre los buenos métodos de estudio?

El método que se sigue aquí —recibir la enseñanza, estudiar juntos y luego restituirla— es un muy buen método. Después, creo que es difícil conocer todos los textos del Dharma. En la vida laica se estudia para conseguir un trabajo y llevar nuestra vida. En el marco del Dharma, el objetivo es liberarse del samsara y alcanzar el pleno y perfecto despertar del Buda.

Para llegar a ello es necesario reunir un gran número de causas y condiciones, y eso pasa por el estudio de diferentes textos. Es un camino amplio y largo, pero es importante que el estudio de los textos sea lo más completo posible. Hay textos particularmente importantes, como el Abhidharma, ya que sin la comprensión de los mundos de la forma y del sin forma, de los diferentes samadhi, etc., será difícil conocer el objetivo. El Gyu Lama también es muy importante en relación con la lógica de las causas, las condiciones y las consecuencias que presenta. Con un solo texto no se puede comprender todo. En el Gyu Lama se habla mucho de la vacuidad, pero para comprenderla es necesario estudiar el Madhyamaka.

La principal diferencia con el shedra es que aquí, y también en otros lugares, estamos ocupados por muchas otras cosas, lo que retrasa la comprensión del texto. Lo importante es la constancia: acudir a todas las sesiones, porque de lo contrario no se obtendrá el fruto del estudio. El tiempo depende de nosotros. Si damos prioridad al estudio, encontraremos la manera de organizarlo y de liberar ese tiempo. ¡Porque solo en el estado de Buda ya no es necesario seguir estudiando!

[1] Khenmo es el equivalente de khempo para las monjas o mujeres monásticas.
[2] Equivalente de khempo en la escuela gelugpa. 

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